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Soy Sol

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(BSO de este microrrelato: Ponte bajo el Sol de Elia y Elizabeth )  

Hay cosas que sabes y otras que no.

Yo, por ejemplo, sé que soy Sol, o al menos, que estoy hecha del mismo.

Está en mis huesos y me lo llevo en la cara, en la piel, allá por dónde voy. El saberlo me calma, me tranquiliza como ninguna otra cosa en el mundo. Si busco Sol y salgo a su encuentro (y lo encuentro) el día se cierra en un círculo perfecto, sin fisuras.

No sé lo que me hace, lo desconozco. Sólo sé que lo soy.

Y saberlo es todo. Más en un mundo donde casi nada es seguro, ni si quiera una misma … Saber algo con tanta seguridad y, sobre todo, sin ningún atisbo de duda, es TODO.

Es la vida misma.

No recuerdo ya quién me dijo una vez que al simplificar se hallan las respuestas, que todo se disipa y se encuentra lo que se busca… Cuando se vive navegando en un mar de dudas, con vientos inestables, saberse Sol la convierte a una en el náufrago más privilegiado de todos: aquel que ya lo tiene Todo.

Y lo sabe.

Señorita Cabeza


Froid II

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Salir de la cama para ir a trabajar.

El discurso de un rey.

La comida que se merienda.

Una buhardilla casi inhabitada.

La depresión.

El movimiento de las hojas de una planta en el alféizar de la ventana.

Los globos de agua.

El olor de un bar que está a punto de abrir.

Los dos besos de rigor.

Las cajas de latón.

La ausencia de talento.

El río del pueblo de mi padre.

El suelo de la cocina.

Una conversación con alguien a quién se quiso mucho y ya no se quiere.

Unas botellas rotas en el suelo de un callejón.

La lluvia en ese callejón.

Un cuerpo sin vida.

La falta de empatía.

Salir de la cama en plena noche para ir al baño.

El pelo muy muy corto.

Blanco.

El psicoanálisis.

Un sofá de cuero sin estrenar.

Una mirada sin expresión en unos ojos pequeños.

El vaho que se forma en una ventana visto desde dentro.

Los virus.

Las paredes que no son de terciopelo.

Un café con leche media hora después.

La letra “K”

La publicidad.

Napoleón Bonaparte.

Un tobillo subido a un tacón.

La soledad involuntaria.

La piel de una chica noruega.

Las iglesias con derecho a asilo.

La luz de una farola de madrugada.

Gris.

Salir de la cama para escribir.

La relación de un padre con un hijo al que no ha visto crecer.

Una gota de lluvia que se cuela por la nuca.

Los pingüinos.

La revolución Industrial.

La corriente de aire que se forma en una casa cuando se abren todas las ventanas.

El viento del Norte.

El dinero.

La inactividad que presentan las moléculas en la materia.

La luz de las luciérnagas.

El mármol.

Un hielo y un pezón.

Los contestadores automáticos.

Azul.

Los dedos de mis pies y la punta de mi nariz.

Las sillas de metal de una terraza amontonadas fuera de temporada.

Un escalofrío.

La superficialidad.

Un beso sin amor.

Salir de la cama.

Señorita Cabeza


Variaciones de la teoría del caos

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Si supieran lo importante que son los abrazos para mí no me tendrían tanto miedo.

Un buen abrazo, de esos que se dan con todo el cuerpo, en los que descansas mientras te recogen … Un abrazo de esos puede salvar mi día, lo que desafortunadamente para los demás, no suele ocurrir con demasiada frecuencia. Un gesto como ese, de amor incondicional ya que se abraza sin consecuencias, no suele ser muy popular en nuestro día a día. Y por lo que la estadística particular me cuenta, un caso como el mío es menos propenso a los abrazos que el resto.

A saber, varón joven, estudiante de psicología a distancia reside a 1.200 kilómetros de su ciudad natal en una urbe enorme. Nadie lo conoce. No conoce a nadie. Es poco probable que sin alterar ninguno de estos factores reciba un abrazo durante los próximos días.

Hace tiempo que yo no miro a nadie a los ojos. No soporto la falta de vergüenza con la que intentan analizarme cada vez que entablamos contacto visual. ¡Qué se han creído! No los necesito, la pantalla de mi ordenador es el filtro perfecto para separarme de tanta desfachatez, e Internet mi tabla de salvación.

La última vez que alguien me tocó fue hace unos cuantos meses y además fue por error. Mientras esperaba a que el semáforo me diera permiso para cruzar la calle, una niña de unos cinco años me agarró de la mano y espero conmigo. Incrédulo por lo que estaba pasando, me dejé llevar por la emoción de ser testigo y protagonista a la vez de la inocencia de una niña, y apreté su mano dentro de la mía. Ella me miró buscando una cara conocida, al no encontrarla se soltó y mis dedos la perdieron. Corrió hacia su padre que venía andando unos metros más atrás de donde yo estaba . De un salto se abrazó a él con fuerza.

Esa misma tarde me arranqué todos los pelos de las cejas. Uno a uno.

Me acordé mucho de mamá. Siempre decía ¡Cuidado que quema! Y de un quiebro se apartaba cada vez que yo intentaba cogerle de su falda. La seguía por toda la casa intentando alcanzarla pero ella era más rápida ¡Cuidado que quema! Acababa cansado y dormido, abrazado a cualquier cosa, a cualquier cosa menos a mi mamá.

Ya ni si quiera considero la opción de pagar a cambio de contacto físico y humano. Hace más de un año desde que aquella chica se fue de este piso. Casi no podía andar, le temblaban las piernas, pero me juró que si la dejaba irse nunca nadie sabría lo que pasó esa tarde en aquella habitación. Y así fue.

No debería ser así ¿Para qué entonces poseemos un órgano tan extenso como la piel si no es para tocar y ser tocados? No debería ser así … no deberíamos tenerla si no podemos utilizarla ¿Cuál es el sentido de todo esto? Tocar, abrazar, acariciar … Pero no me está permitido, no me entienden. Y su ignorancia es mi rechazo y mi cárcel. Me toco, me abrazo, me acarició … pero no me siento. No hay nada. Nada debajo de tanta piel.

Tengo ganas de saltar por la ventana, de quemar el apartamento, de buscar a mamá …  Me falta el aire …

Me despiertan las voces de mis vecinos, estoy tirado en el rellano de mi piso, la cabeza apoyada en el felpudo. No consigo entender lo que dicen unos pisos más abajo, sólo comprendo el olor familiar a humo de barbacoa. Bajo aturdido por las escaleras y en el tercer piso encuentro a una mujer llorando, desconsolada, con una correa en la mano; a su lado su marido intentando calmarla.

Sigo bajando hasta la portería y veo cómo los bomberos recogen todo y se disponen a irse. En el trastero donde se guardan las bicicletas hay una mancha negra enorme que pinta el techo y la pared. En el suelo, restos de un saco de esparto quemado. La pata trasera de Tudor, el samoyedo de los del tercero, asoma por la esquina. El olor es insoportable.

Saco las manos de los bolsillos para atusarme el pelo. Subo las escaleras y llego a mi apartamento. Me deshago de la cuerda y echo lo poco que queda de gasolina por el inodoro. Tiro de la cadena.

Me miro en el espejo y acaricio mi reflejo.

Cuidado que quema.

Señor Humo


SINSUEÑO

todavía recuerdo cuando podía dormir

Engulletexto y Paladeapalabra

Reseña libre de literatura casual

keepdistance

+ información para + conciencia

Voulere

Pensamientos, literatura, vida, sentimientos

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INSPIRATAS / INSPIRACIONES EXHALADAS {data en movimiento para planes plantas e planetas}

El lento ahora

La página -más bien- literaria de Luis Tarrafeta

8 Smoking Barrels

No pudimos llamarnos "The Wild Bunch"

LUIS FRANCISCO PÉREZ

Filmmaker - Cineasta - Formador audiovisual

El Humo De La Cabeza

Microrrelatos para Macromentes